Una tarde paseaba yo con mi madre, cuando al pasar por un puesto de globos, le pedí uno. Ella accedió y me dijo que eligiese el que más me gustara. Yo cogí la primera cuerda que vi, ya que el globo no me importaba, yo quería tener un globo sin más. Y caminé orgullosa por el parque, con el globo bien agarrado de mi mano, sin dejar de reir. Mientras caminaba, me fijaba en el globo, y vi que había cogido un globo bonito, morado, brillante, y que nadie tenia un globo como aquel. Pensé en lo afortunada que era por haber cogido aquel globo entre todas aquellas cuerdas. Mis amigas, miraban envidiosas el globo, y la gente sonreía al verme pasear con él.Pero ocurrió que mi madre comenzó a advertirme que el globo se me escaparía. Yo no quería oirla, era tan feliz paseando mi precioso globo. "Se te escapará, ten cuidado" repetía una y otra vez. Y claro, al final, en un despiste, la fina cuerda que lo ataba se me escurrió entre los dedos. Traté de atraparlo pero ya había volado demasiado alto. Solo pude mirarlo impotente, sabiendo que aquel globo solo subiría y subiría y nunca volvería a mis manos. Lo miré fijamente, tratando de no perderlo de vista, alzando la mano como si pudiera conseguir algo. Lo mire tanto que al final me dolieron los ojos, y ya no era más que un punto en el cielo, hasta que desapareció, y entonces mi madre tiró de mi mano y me tuve que ir a casa.
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